OBITUARIOS- EL PAÍS

Mazaltov Behar Mordoh, superviviente de la medicina nazi

Fue sometida a experimentos sobre fertilidad en Auschwitz-Birkenau

Mazaltov Behar enseña en tatuaje con el número de reclusa que los nazis le grabaron en el antebrazo durante una visita a España en 2007. / PACO PAREDES

Mazaltov Behar Mordoh, Fofó para su familia y amigos, residía en una comunidad de 52.200 judíos en su ciudad natal, Salónica (Grecia), cuyo origen se remonta a la expulsión de España ordenada por los Reyes Católicos en 1492. Deportada al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, sobrevivió a los experimentos médicos de los nazis. El pasado 16 de agosto fallecía en Lloret de Mar (Girona) a los 87 años.

Durante la II Guerra Mundial, Grecia es ocupada por el Ejército alemán en abril de 1941, lo que provocó la progresiva implantación de medidas antisemitas. Sin embargo, no será hasta marzo de 1943 cuando se produzca la deportación de 48.533 judíos de Salónica, en 19 transportes, con destino a Auschwitz-Birkenau. La mayoría fueron asesinados en las cámaras de gas tras su llegada. Únicamente 11.200 personas fueron consideradas lo suficientemente sanas y fuertes para realizar trabajos forzados. De ellas, 4.200 eran mujeres, entre las que se encontraba Fofó. Le tatuaron un número en el antebrazo: el 41.577.

Las atrocidades realizadas en Auschwitz son tristemente conocidas. No solo fue un campo de exterminio, sino también un lugar de experimentación para las teorías de los médicos nazis. Mengele es el más famoso, pero otros como Schuman y Clauberg probaron diferentes métodos de esterilización con las mujeres recluidas en el campo. Su objetivo era utilizar estos conocimientos para evitar la reproducción de aquellos grupos humanos que pudieran contaminar la raza aria.

Fofó tenía 17 años cuando fue elegida por el doctor Schuman junto con otras 17 muchachas, “las más altas y más guapas”, para ser sometidas a esos experimentos. Así se expresaba ella el 2 de septiembre de 2010 cuando tuvimos el honor de escuchar su testimonio en el curso de verano Enseñanzas del Holocausto para la Medicina Actual, organizado por la Universidad Autónoma de Madrid y el Centro Sefarad-Israel.

En el anfiteatro del Colegio de Médicos de Madrid, frente a un auditorio de médicos y estudiantes de Medicina, nos contaba cómo fue sometida a radiaciones por orden del doctor Schuman. Sin embargo, era Samuel, un anciano médico judío también prisionero en Auschwitz, el encargado de ejecutar sus órdenes. Fofó suplicó llorando al doctor Samuel y a la enfermera Fela, también judía, que siempre la había protegido, que le permitieran conservar un ovario, porque algún día quería tener un hijo. El doctor Samuel le dijo: “Fofó, no llores. Si algún día tienes un hijo, acuérdate de mí, no te puedo decir nada más”. El médico judío consiguió engañar al doctor Schuman y lo pagó con su vida.

Samuel, médico amigo

Fofó consiguió sobrevivir, pero tras la liberación de Auschwitz en enero de 1945, tuvo que ser tratada de tuberculosis en un hospital italiano. Posteriormente volvió a Grecia, donde conoció a su marido. Tuvo un hijo al que puso por nombre Samuel, en recuerdo de aquel médico.

Tras concluir su relato, el anfiteatro entero puesto en pie tributó a Fofó una ovación que duró varios minutos. Fue toda una lección de vida y de Historia, con mayúsculas. Nos queda su recuerdo y sus frases de ánimo: “Creo que resistí porque tuve una infancia feliz”, nos decía. Cuando nos despedimos nos miramos de forma emocionada y dijo: “Gracias. Creo que todavía en el mundo hay gente buena”.

Cada día quedan menos testigos vivos de una parte terrible de nuestra historia. Los que hemos tenido el honor de compartir unas horas con ellos y enriquecernos con el relato de sus vivencias nos comprometimos a transmitir su testimonio.

Ahora nosotros somos los testigos de los testigos. Los alumnos y profesores del curso aprendimos con Mazaltov Behar Mordoh una lección que ningún libro podía enseñarnos.

 

Esteban González López es médico de familia y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, y Rosa Ríos Cortés es profesora de Historia.